La evolución del trasporte público de Neza esta estrechamente unida al crecimiento y desarrollo de la población en todos los sentidos. La importancia de este servicio para los colonos refiere, entre muchas otras cosas, la posibilidad de acceder a un trabajo en el Distrito Federal en ese entonces, a que sus hijos en su momento asistieran a las universidades en busca de una profesión y, por ende, a la posibilidad de superarse para ayudar a la economía de la familia; anhelo en ese entonces, palpable realidad hoy en día. Este hecho ya no solo significaba la opción de dejar el lugar de origen de algún remoto estado de la república; sino la búsqueda de un patrimonio para una familia; para esa familia que aún no existía del todo, pero que en la mente de los primeros pobladores si se concebía en un lugar donde ni la hierba crecía por tanto salitre.
Viajar o no en esos Camiones de transporte no era opción en el inicio de las primeras colonias, ya que sencillamente no entraba otro transporte que no tuviese las características de, casi casi, un tanque de guerra; es decir que fuera apto para todas las inclemencias de un terreno inhóspito (y saben a lo que me refiero quienes aún recuerda al Neza en sus primeros años).
Por un boleto se obtenía la sensación de cambiar de rutina y emprender una aventura, ya sea para ganarse el sustento o para entrar y salir a distintas realidades; un boleto que sería usado un par de veces más, ya que si bien es cierto contaban con un block de tickets foliados, bien podían recogerse posteriormente del piso del camión para que previa planchada se volvieran a dar al pasaje y así dar un “piquete de ojos” y entregar la cuenta como dios manda, completita, de acuerdo al boletaje (a esto le llamaban hacer ranillas).
Nunca fue suficiente el transporte para todos los que vivíamos en Nezahualcóyotl y la lucha por conseguir un asiento era encarnizada. Se valía de todo: aventar el costal meter a los niños por las ventanas o arrojarse completamente sobre el asiento, sin importar el hecho de chocar con otro pasajero que pensara lo mismo. Una vez arriba del camión, en una petición mezclada con regaño se oían las estruendosas voces del chofer o del cobrador “¡órale, órale, pasándole para atrás por favor, ahí de ladito, tenga la bondaaaa!”. Entonces si arrancaba el camión, era un gusto escuchar el sonido de ese motor ruidoso, sin olvidar que a la primer entrada de la velocidad la fuerza de ese gigante motorizado era evidente.
Una vez que iniciaban cada recorrido, y a pesar de lo lleno que iba el camión, no podían faltar los personajes que de tan cotidianos se hicieron parte de los viajes diarios. El cantante que guitarra en mano entonaba lo mismo un bolero que la canción ranchera del momento, pidiendo al finalizar de sus interpretaciones “lo que guste cooperar”. El vendedor de cosas inimaginables en esos momentos, pero que hacía que se volvieran accesibles “¡mire usted se va a llevar la promoción de la única guía para aprender Inglés, el método más moderno llévelo llévelo!”. El niño vendedor de chicles que ingeniosamente gritaba:“¡cuachidepeso… cuachidepeso!”,
que en su jolgorio verbal ininteligible significaba cuatro chicles por un peso; truco publicitario seguramente, de la inventiva más inocente y efectiva por aquello de ahorrar palabras.
LAS PRIMERAS LÍNEAS QUE ATENDIERON LAS NECESIDAD DEL TRANSPORTE PÚBLICO.
“Los Rafles” (Los San Rafael Aviación) que posteriormente serían Los Servicios Aviación Civil Colonias del Vaso de Texcoco S.A de C.V. de siglas SAC.
Los CHIMECOS Chimalhuacán Aviación Civil Caracol Colonias del Vaso de Texcoco SA de CV.
Los Azules, México Ciudad Nezahualcóyotl.
STT Sistema de Transporte Troncal.
Radio Coyotl - Historia de los Chimecos en Nezahualcóyotl (Parte 1)
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